El futuro es ahora
27
nov
2013
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Publicado por: In Black | Categorias: General

“ […] los datos del estudio revelan que la mayoría de las organizaciones viven inmersas en un periodo tecnológico arcaico, no están preparadas para hacer frente a la inminente transformación digital […]” – Ian Winham, director de sistemas de información y de finanzas de la empresa Ricoh Europe.

A estas alturas, seguramente, usted, sin importar su ocupación, ha escuchado en algún momento un mensaje similar, lo cual no tiene nada de extraordinario si consideramos que el mensaje lleva más de dos décadas popularizándose… Tampoco resulta extraño, a poco que repasemos la Historia, que empresas y organizaciones se aferren a sus modos y a sus tecnologías arcaicas. Otra cosa es que sea deseable; pero es, hasta cierto punto, comprensible. Seguro que a los cazadores prehistóricos les llevó su tiempo cambiar la lanza y el arco por la azada y el arado…

Vivir el nacimiento de una nueva era del desarrollo de la humanidad no es moco de pavo. Dejar de ser cazadores para convertirse en agricultores, para luego dejar de ser agricultores y convertirse en operarios de la máquina de vapor… No es fácil, no; fíjense que aún hay pueblos en el globo que no han conseguido completar la primera de las conversiones. La tierra fue plana para el humano durante mucho tiempo, incluso mucho después de que unos pocos hubieran comprobado y asumido que, en realidad, estaba mas cerca de parecer un huevo que un plato.

Ver que tus hábitos, tus creencias, tus costumbres, tu forma de vivir y entender el funcionamiento del mundo que te rodea, tus formas de ganarte la vida empiezan a no corresponderse con la realidad, a dejar de ser útiles y efectivas, no es un plato de buen gusto, no señor.

Pero el cambio, la transformación, es un hecho, se está produciendo aquí y ahora, e incluso el más recalcitrante percibe en su fuero interno, por más que se revuelva, por más que mire hacia otro lado, por más que quiera convencerse de que él no le afecta, que el mundo ha cambiado de era, como cambió de la agricultura a la máquina de vapor, y que algo va a tener que hacer, aunque sea reafirmarse en una estrategia conservadora o inmovilista. Y hasta aquí, como decimos, la cosa tiene su lógica.

Lo que empieza a resultar chocante, incluso contraproducente, es que se sigamos hablando de “novedad”, de “inminente transformación” medio siglo después de que las computadoras personales y sus derivados móviles e inalámbricos nos invadieran de forma irremisible, poniéndolo todo patas arriba. Ni la digitalización, ni las “nuevas” tecnologías, ni Internet –ese “planeta” que llevamos más de veinte años explorando y colonizando– son ya algo nuevo o que ha de llegar; no son el futuro: son el presente. Todo ese conocimiento tecnológico y esas herramientas llevan más de dos décadas modelando y transformando la realidad, el tablero de juego y, por supuesto, sus reglas.

A estas alturas, seguir hablando de “novedad” y de “inminencia”, además de un viejo recurso publicitario, no hace más que justificar el retraso en aceptar y afrontar la situación. Sí, los informes y los estudios nos muestran que el murmullo crece en los despachos y órganos de gestión: Pues vamos a tener que ir pensando en transformarnosNo, si al final habrá que cambiarEsto va a haber que asumirlo…; o que los más impacientes tratan de cultivar tomateras a golpe de lanza y arco; o que el instinto de conservación los lleva a empecinarse y desconfiar y abominar de lo que se gesta ante sus propios ojos.

Pero son minoría los que cogen el toro por los cuernos y afrontan el problema. Un problema que, primero, debe ser aceptado y comprendido. Un problema para el que no hay fórmula mágica, pues la transformación está en plena efervescencia, es rabioso presente, y todos estamos inmersos en la experimentación y en la búsqueda que nos permita, entre el burbujeo y la espuma, vislumbrar, palpar y asentar la solución más apropiada para cada circunstancia y cada caso específico.

¿Riesgos? ¿Retos? Por supuesto. A base de retos y riesgos hemos llegado hasta aquí, y tenemos ya una edad como para no andarnos con rodeos: puede usted subirse a la nave y lanzarse a explorar los espacios y las oportunidades que se extienden ante nosotros; o puede aferrar con fuerza su lanza y, al calor de la hoguera, desde el fondo de la cueva, vernos partir…

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